Hace unos días recibí una escueta nota de un muy buen amigo mío en la que me decía “tanti auguri” de Gonzalo. Hoy he creído oportuno contaros algo de Gonzalo que tras varios años en el Vaticano, supo ganarse la única plaza vacante de «poeta» que supongo ha existido en Alfa Romeo a lo largo de su historia.
En una presentación de autor de uno de sus libros suyo se escribe de él: Gonzalo Álvarez García, nacido en España en 1924. Vive y trabaja en Milán. Narrador y poeta, se ocupa también de automovilismo y de la historia de esta industria.
Del 1967 al 1983, organiza y dirige el Museo Storico y el Centro de Documentación de Alfa Romeo en Milán. En 1981, la «Sovrintendenza Artistica per la Lombardía, calificará al Centro de Documentación de Alfa Romeo como «de notable interés histórico Nacional».
Hoy Gonzalo, ya retirado de su actividad en Alfa Romeo, vive en Palermo, Sicilia.
Pues para quienes no hayan oído hablar de él, ya saben alguna cosa más de quien entre otros libros ha escrito, «Il Marchio Alfa Romeo» (1972), «Storia dell’Alfa Romeo» (1980), «La storia sportiva dell’Alfa Romeo» (1980), «Il museo Storico Alfa Romeo» (1980), «La 1900 Sprintz» ( 1983). Para quienes no les gusten los libros sobre automóviles, estos son algunos de sus libros de poesías «Isla del Recuerdo», «Cuando yo era un muchacho» o «Quince años». Como narrador os recomiendo el libro escrito en 1975 «Spagna 500 anni di dittadura», aunque a mi el que más me ha gustado ha sido «La Targa Florio, gattopardi, piloti gentiluomini» (1986).
Conocí a Gonzalo durante un viaje a Italia que hice con mi mujer Francina en 1978, cuando decidimos ir a visitar el Museo Storico Alfa Romeo, a partir de esta fecha mi relación con Gonzalo ha sido amplia en todos los aspectos.
Tras marcharse de Alfa en los 80’s, su peso aún se hacia notar en la fábrica, pues cuando en el 2009 tuve que pedir un Alfa P3 para la exposición The Chequerd Flag. Con solo citar su nombre me encontré hablando con el director del Museo y solo fueron facilidades para su cesión, trasladarlo y posterior exposición en Montmeló.
En un reciente viaje a Sicilia estuve dos días con él y como es habitual, no me marche sin una buena dosis de humildad, que es lo que más sientes que te falta cuando estas a su lado.
Nunca habíamos hablado de como entró a trabajar en Alfa Romeo y esta fue mi pregunta. Su largo relato fue magistral…
… Tras conocer a Octavia, entendí que me era imposible seguir como Jesuita en el Vaticano, por lo que decidí dejar los hábitos y buscar una casa en donde vivir con quien seria mi esposa, Octavia, trasladándome a Milán en donde pensé podría ejercer como escritor. Con el nacimiento de nuestro hijo, con muestra economía débil de por sí, vi que no podía aguantar más en esta situación y fue entonces cuando solicite a un buen amigo mío editor, que tenia buena relación con Ludovico Chizzola, Director de la fábrica Alfa Romeo, la posibilidad de poder hablar con él, para ver si podía conseguir algún tipo de trabajo en la fábrica.
A los pocos días recibí una carta en la que se me citaba para una entrevista personal con el Sr. Chizzola.
Tras una larga y amena charla en su despacho, Chizzola me hizo una pregunta directa… entonces usted de que trabaja?, a lo que le conteste, soy poeta.
Chizzola me miró durante unos segundos y me dijo… Siempre he creído que una fábrica de automóviles necesita de un poeta.
No se si hizo muchos versos cuando trabajo para Alfa Romeo, pero dejo las bases de su Museo, recupero la dignidad de los automóviles de competición cerrados en los garajes, supo guardar sus Alfas victoriosos de los 70’s y 80’s y creo el gran centro de documentación y se iniciaron sus grandes publicaciones.
Si todo esto te lo cuentan en casa «Nasca», en la localidad de Cerda (Sicilia) por donde la Targa Florio pasaba por sus calles, te das cuenta de la importancia de la poesía…